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Real Fuerza de Santiago de Arroyo de Araya
 

Las salinas de Araya fueron dadas en cuenta por Pedro Alonso Niño y Cristóbal Guerra en febrero de 1500 (dos años después de las expediciones de exploración y conquista de Cristóbal Colón hechas por las costas venezolanas).

En el año 1593, el Gobernador de la Provincia de Cumaná, Suárez Amaya solicita ayuda a la Corona Española para defenderse de los holandeses que se encontraban saqueando las salinas de Araya. En agosto de 1605 España moviliza parte de su Armada Real hacia la península salinera asestándoles fuertes derrotas a los holandeses quienes no cesaban en su afán de dominar la fuente de sal. Los holandeses se interesaron mucho por la sal porque una de sus actividades económicas era la conserva de alimentos a través de este mineral.

El 15 de enero de 1622 la corona española decreta en Madrid la construcción del castillo en la península y ordena a Bautista Antonelli, un prominente arquitecto militar al servicio de España, a realizar un estudio de la zona para la construcción de la fortaleza. El 30 de noviembre del mismo año, se produce una de las batallas navales más importantes de la época en el nuevo continente, cuando 43 navíos holandeses atacaron la península con el objetivo de frenar la construcción de dicha fortaleza y así apoderarse de manera definitiva de la fuente inagotable de sal, finalmente los holandeses fueron vencidos el 13 de enero de 1623.

El fuerte se termina de construir a principios del año 1625 y se bautiza como con el nombre de Real Fuerza de Santiago de Arroyo de Araya, (Santiago, por el patrono de España; Arroyo, por el gobernador de Cumaná y Araya, por el nombre del lugar). Además, fue la primera y más importante fortaleza de Venezuela para ese entonces.

En 1684 un terremoto le produce a la fortaleza serios daños en su estructura y en 1725 los efectos devastadores de un huracán inundaron las salinas. Es entonces, que preocupa a la Corona española el costo de mantenimiento de la fortaleza, ya que no había sentido resguardar las inundadas salinas. El gasto de funcionamiento era muy elevado, ya que la fortaleza contaba para la época con 246 personas y un presupuesto muy oneroso. Convencidos de la inutilidad de la fortaleza, la Corte Española decidió su demolición en 1759, tarea que cumplió el gobernador José Diguja Villagómez en 1772 a través de pólvoras y dinamitas. De esta manera se pone fin a 129 años de funcionamiento militar al Castillo de Araya. Por muchos años esta fortaleza fue el centinela de las lagunas de sal.

Dos siglos después fue decretado como monumento histórico de la nación según Gaceta Oficial N° 26.395 del 31 de octubre del año 1960.

Actualmente El Castillo de Araya se ha convertido en un punto de referencia muy importante para el turismo en la península. Las olas de la playa bañan incesantemente las ruinas de esta fortaleza que en una época fue centinela de los arayeros. Sus habitantes la llaman Playa Castillo, un litoral que luce blancas arenas y aguas cristalinas que lo hacen uno de los lugares más visitados por los turistas.

 
 
 
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