Cumaná, marinera, ribereña, primogénita y mariscala, es la capital del estado Sucre. Cuna de libertadores, poetas y cantores. Madre del Mariscal Antonio José de Sucre, el soldado universal, fiel comandante del ejército del sur, redentor de los hijos del sol, héroe de Pichincha y Ayacucho; batallas que sellaron la independencia del Ecuador, Perú y toda la América del Sur, el Abel de América.

Fue entre 1498 y 1499, cuando el conquistador español tuvo contacto con el territorio de los bravíos originarios de la tierra por donde se paseaba cristalino y majestuoso el hoy rio Manzanares, fuente de vida de nuestros primigenios. Para ese entonces, los conquistadores se dieron cuenta de las inmensas riquezas perlíferas que poseía la isla vecina de Cubagua, la que ellos llamaron Nueva Cádiz. Este descubrimiento hizo que, inevitablemente, los invasores  extrajeran de manera salvaje tan suntuosa joya.

Cubagua se transformó desde el primer momento en un centro de inmigración importante, atrayendo traficantes de perlas y piratas de muchas nacionalidades, quienes sometían a los indígenas como esclavos en sus propias tierras. La isla tuvo un crecimiento vertiginoso, pero no tenía agua potable que sustentara su desarrollo. La hoy ciudad de Cumaná era quien podía suministrarle tan preciado líquido, madera, alimentos y otros insumos. Tomaron estas tierras como centro de abastecimiento, a tal extremo que crearon una fortaleza militar cerca de la boca del rio, para defender esos insumos de piratas, corsarios y hasta de sus legítimos dueños indígenas.

Los indomables nativos se encontraban en pies de lucha, lo que le era más difícil a los saqueadores de perlas capturarlos y doblegarlos. Es por este motivo que envían a Fray Pedro de Córdova, para ayudar apaciguar y someter a los oriundos de manera pacífica. La llegada de los primeros franciscanos a Cumaná ocurrió el 27 de noviembre de 1515, formando un asiento misional con características de ciudad con elementos autóctonos y foráneos: europeos y africanos. Es en esta fecha, donde los historiadores, de acuerdo a los documentos de la época, han registrado la fundación de Cumaná, quien ha ocupado siempre el sitial de Primogénita de América (fundada por los españoles en tierras continentales). Muy cercano a ese año, se registra también la primera rebelión dirigida por el Cacique Maragüey, que ya exasperados por los abusos de los españoles, se levantan en armas y destruyen esa misión invasora.

La extracción de perlas fue pasajera, esa isla opulenta fue escenario de prácticas inhumanas, sin ningún mínimo de respeto para con los pobladores, que morían ahogados en el fondo del mar en busca del tesoro que nunca quedó en nuestras tierras. Con el correr de los años, Cubagua, o la que ellos llamaban Nueva Cádiz, languidece. Comienza su decadencia a causa de la desaparición de los ostiales. La destrucción de Sodoma y Gomorra se repetía, la fuerza devastadora de la naturaleza, a fines del año 1541, destruye la isla y lo poco que queda es arrasado, saqueado e incendiado por los corsos en 1543. Al mismo tiempo, tierra firme también decaía, los conquistadores y cazadores de fortunas, se fueron a probar suerte en otros lugares.

Es importante acotar que la actual Cumaná ha sufrido muchas refundaciones, como por ejemplo: En el año 1521 con el nombre de Nueva Toledo por Gonzalo de Ocampo; en el año 1523 con el nombre de Nueva Córdoba por el Capitán Jácome de Castellón y en el año 1568 con el nombre de Nueva Andalucía por Diego Fernández de Serpa. Por último y para siempre Cumaná, hermoso nombre, lleno de historia, que nos da el glorioso gentilicio de cumanés.

 
Por: Rosendo Acosta