Salto La Llovizna :: Estado Bolívar
 
 

Debe su nombre al efecto producido por la caída del agua contra las rocas y por acción de la brisa, lo cual da la impresión de ser una llovizna o lluvia leve. Desde los miradores El Curachire y el Paují, los visitantes pueden empaparse del agua que cae del salto.

Se dice que el Salto La Llovizna tiene aproximadamente 20 metros de caída libre, lo cual varía visualmente dependiendo del caudal de agua que por el se desprende. En época de sequía (entre los meses octubre y abril), se visualiza la parte baja del salto formada por rocas que por efecto del arrastre del agua han caído hasta allí formado lo que parece ser un piso irregular.

El volumen del agua que cae a través del salto es controlado desde la represa Macagua, siendo que durante todo el año se encuentran abiertas las compuertas ecológicas ubicadas en Casa de Máquinas III, las cuales favorecen no sólo la distribución de agua hacia los parques La Llovizna y Cachamay sino también el control del nivel del agua del embalse.

Alrededor del mes de Agosto, el Salto se muestra en su mejor momento dado a la apertura del sistema de aliviaderos externos de la represa, el cual consta de 12 compuertas gigantes cuya descarga implica la inundación de paisajes enteros de la ciudad.

El Salto la Llovizna fue ideado por Rafael Mendoza, quien siente el parque como nadie, lo disfruta infinitamente. Dice su arquitecto que caminar con el parque, por los senderos de agua, los jardines y morichales, además de las lagunas y el Teatro de Piedra, es reconfortante.

El salto La Llovizna es el mayor atractivo del lugar, tuvo su origen en los desvíos realizados al cauce del río Caroní para construir las represas de Macagua y Guri. En ese momento, a mediados de los años 50, Rafael Mendoza trabajaba en el área de cartografía y de allí lo trasladaron para encomendarle mejores proyectos.
El parque La Llovizna está compuesto por más de 35 islas desparramadas en aproximadamente 200 hectáreas de extensión, donde el agua oscura y torrencial del Caroní se hace sentir en todo su esplendor. Es el río de mayor potencial hidroeléctrico del país.

Muchas de las enormes piedras que adornan La Llovizna fueron traídas desde las zonas donde se construyeron las primeras presas de Guayana. Están ubicados en forma de constelaciones –explica su autor -, para que la gente pueda montarse sobre ellas y tomarse fotos. Son rocas ígneas, inmensas y características de Guayana.

Para construir los “senderos de agua”, escalinatas hechas para cruzar los riachuelos del parque, Mendoza fabricó moldes en su taller para después vaciarlos en las áreas escogidas. Estos caminos arrojan una de las mejores postales del ligar, porque el reflejo del sol forma espejos en las lagunas a través de los cuáles se ven cuantiosos peces.

Dice Rafael Mendoza: “El parque está hecho con mucho detalle, con precisión de artesano. La idea es que te sientas cobijado; yo siempre creí que un parque no se puede desarrollar desde una oficina, hay que salir y caminarlo, eso fue lo que hice”, afirma.

El carácter contemplativo del parque La Llovizna es uno de sus atributos principales. Allí la práctica de actividades de meditación, Tai Chi o Yoga, es perfecta; se respira paz y comunión con una naturaleza generosa, sublime y exaltada.

Las islas El Alcaraván y El Aruco – todas tienen nombres de aves - son las que se ubican en los terrenos cercanos a los aliviaderos. El paisaje natural y el concreto de una de las obras de ingeniería más perfectas del hombre, una represa hidroeléctrica conforman una metáfora inspiradora.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
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