Un lugar siempre verde. Su eterna primavera, por su clima benigno con su sol como rayitos de oro, la hace la sultana del valle dulce del oriente venezolano. Siempre se baña con el aroma pegajoso de la caña de azúcar. Dulce verde de los cañaverales que adornan las extensiones hermosas a las orillas de las carreteras. Tan fértil como la mujer de mi tierra, tan llena de historia, que aún se siente fresca la huella de la época de la colonia, a través de sus antiguas y monumentales iglesias.
Es fuente inagotable de agua dulce, manantial de gente buena que siempre ofrecen la bienvenida al visitante. Cuna del creador del bandolín morocho y testigo fiel del paseo que hace el Rio Manzanares a través de sus tierras. |