Cruz Salmeron Acosta
Bienvenida

Un pobre poeta que casi no existe,
de los que han quedado, como ayer dijiste,
aquí con sus llagas, que no olvida Dios,
perfumadas siempre de flor de poesía
un tierno e ingenuo saludo te envía
que por ser tan triste parece un adiós.

Desde mi sombrío y eterno retiro
esta tarde, el buque donde viajas, miro,
y sufro mirándote ante mi pasar,
pues quiero y no logro dar unas palmadas
con mis dolorosas manos mutiladas
que ya ni la pluma pueden empuñar.

No sé por qué, viendo tu buque, he pensado
en el barco donde me vine abrumado
de la misma pena que debe sufrir
el que para siempre se ha despedido
de todas las cosas que más ha querido
con una infinita ansia de morir.

No creerás que, en tanto tu buque al golfo entra
acá en la ribera del norte se encuentra
un bardo que mucho lamenta no estar
con el noble pueblo que hoy va a saludarte,
para con el pueblo también aclamarte
con la voz que nunca habrás de escuchar.

Mientras que sus versos mi musa te canta
la queja que a veces sube a mi garganta
con una sonrisa logro contener;
y el corazón mío palpita tan duro,
que a mi me da miedo, porque me figuro
que dentro del pecho se me va romper.

Yo hubiera querido, hoy en mi aislamiento,
hacer, olvidando la pena que siento,
lo que en su clausura hace el ruiseñor,
que a pesar de su ansia de espacio y follaje
trina tan alegre como en el ramaje
que oyó sus primeras canciones de amor.

Llegas a tu cuna cuando muere el día
y nace la hora de la poesía
cuando más nos pesa del duelo la cruz,
y finge el lucero triste de la tarde,
en el cielo, un cirio fúnebre que arde,
y al sol que agoniza envía su luz.

¡Cómo evoco ahora tu gran Canto a España
que tanta belleza poética entraña!
yo siento, evocándolo, el goce interior
que se siente ante una risueña pradera
donde hay mariposas, y por dondequiera
un pájaro vuela y se una flor.

En él las estrofas parecen diamantes
y fingen los versos hermosos cambiantes,
y todo el poema semeja un joyel.
No tienen las perlas más ricos fulgores,
ni pintan paisajes con más bellas flores,
la luz que en el lienzo derrama el pincel.
Poeta: eterna será tu memoria.
Más grandes laureles reserva la gloria
para coronarte. Ve de ellos en pos
mientras yo me quedo aquí con el alma
ya sin ilusiones y una sola palma
la que da a los mártires la mano de Dios.

En el año 1923, concretamente durante el mes de Marzo, Andrés Eloy Blanco, escribe el poema Canto a España, en junio del mismo año se consignó el veredicto que daba como ganador, entre un numeroso grupo de concursantes, al poeta venezolano, y meses después, regresa a Cumaná y entra al golfo de Cariaco en un buque que lo traslada de la ciudad Madrileña.  Cruz María, ya fatigado por la enfermedad se levanta de su lecho de enfermo para cantarle al triunfo de la poesía venezolana, y desde la ribera del norte, acompañado de un grupo de pescadores, empezó a declamar en voz alta “Bienvenida”, que nunca los oídos de Andrés Eloy pudieron escuchar y aún así no satisfecho con esto, Cruz María le hizo llegar la letra del poema con un pescador de la localidad. 

 

 

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