Personajes de la Historia
Luis Mariano Rivera

Luis Mariano Rivera: Una Vida. Un amor.

Una de las satisfacciones más grande de mi vida lo ha constituido haber culminado mis estudios de pre-grado a través de la realización de un trabajo que, sin querer ser vanidosa, es bastante original y, por sobretodo, positivo. El haber proyectado una vida de un personaje de la música popular venezolana y, más aún, el conocer a fondo los sentimientos, las costumbres y hasta los defectos de un hombre que hoy cuenta con 93 años de existencia se convirtió en una experiencia gratamente inolvidable para mí.
Luis Mariano Rivera, baluarte de la cultura oriental, nació un 19 de agosto de 1906 en Canchunchú Florido, Carúpano, estado Sucre. Su vida, como la de cualquier campesino de la zona de Paría, estuvo marcada por las carencias y necesidades que caracterizan la pobreza de las zonas rurales de nuestro país. A temprana edad se quedó huérfano, llegó a ser peón de la hacienda de su propio padre y su educación formal fue sólo hasta el tercer grado de primaria. Sin embargo, a pesar de su condición de ser un casi analfabeta, enseñó que las ganas que dicta la perseverancia por ser un hombre digno pueden ser más fuertes de las que uno cree. A los 38 años, motivado por una corrección ortográfica que le hiciera un muchacho (había escrito “depocito de yelo” en vez de “depósito de hielo”) decide ir a una escuela donde aprendió a leer y escribir bien.
Por su parte la vida de músico, poeta y hasta de dramaturgo, pues Luis Mariano escribe obras de teatro, comienza a los 48 años de edad. Él relata que fue siendo “un viejo” cuando logro “meter un poco de luz” en su pensamiento y fue así como la música y los versos empezaron a dibujar su existencia. Brotan entonces “La Guácara”, “Cerecita”, “Canchunchú Florido”, “La Taparita”, “La Cocoroba”, entre muchas otras canciones, que se dieron a conocer en las voces de Gualberto Ibarreto, Lilia Vera, Jesús Sevillano, Simón Díaz, Rafael Montaño, Serenata Guayanesa, Cecilia a Todd, Un Solo Pueblo, la desaparecida Morella Muñoz y el Quinteto Contrapunto.
Hasta el continente Asiático supo del arte de Luis Mariano Rivera, pues el no menos famoso Paul Muriat versionó la canción “Juana Francisca” y la convirtió en un éxito de la música instrumental en Japón. Otro motivo de orgullo para el poeta fue la versión de “Canchunchú Florido” que hiciera, magistralmente, La Orquesta Filarmónica de Londres.
No en vano han venido los reconocimientos a su vida artística. La Fundación Pampero, La Universidad de Oriente, Cementos Caribe y la Fundación Tradiciones Caraqueñas han realizado producciones discográficas antológicas para enaltecer las creaciones del “Cantor de Canchunchú”.
Del mismo modo, la vida de este oriental ha inspirado canciones como “A Luis Mariano”, del musicólogo Rafael Salazar y “La Canción de Luis Mariano”, del siempre recordado Alí Primera.
Así mismo, distintos Colegios Universitarios y Universidades del país le han otorgado la distinción de Profesor Honoris Causa. La UDO, el Instituto Universitario de Tecnología “José Antonio Anzoáteguí”, el Colegio Universitario de Carúpano y nuestra Universidad Central, a través de la Orden José Felix Ribas, han homenajeado merecidamente al poeta.
Luis Mariano también ha sido distinguido con las ordenes “Francisco de Miranda”, “Andrés Bello”, “Antonio José de Sucre”, todas en su primera clase, que otorga el Ejecutivo Nacional.
Pero, no son esos reconocimientos los que hacen de la vida de este personaje un ser especial. Es su esfuerzo, su calidad humana, su día a día. Es su casa, “su rancho” como el lo llama, siempre con las puertas bien abiertas a cualquier persona que lo quiera visitar. Es esa alegría que transmite cuando lo conoces. Es en fin, su humanidad que desborda ternura y cariño por doquier. Es su cotidianidad la que enamora y llena de energías positivas a cualquier ser humano.
Cuando emprendí esta investigación, me plantee claramente un objetivo: Tratar de escudriñar en lo más mínimo la vida de Luis Mariano Rivera.
No dejando de lado los consejos de Humberto Eco y “Malele”, con sus altos y bajos la investigación fue llevada con paciencia, pero también con el rigor que te dicta el tiempo y las ganas, por supuesto, de culminar. Pasé entonces a vivir de cerca las ocurrencias, los desencuentros, la cotidianidad pues de ese viejito de 92 años. Recuerdo que hice un primer “toque técnico” con la esperanza de que el almanaque de casi un centenar de años no hubiese hecho mella en la mente de nuestro personaje. Entonces la sorpresa fue aún mayor cuando la lucidez de Luis Mariano nos permitió adentrarnos en sus vivencias que reflejan el día a día de cualquier oriental venezolano.
Hijo de una tierra de mar y montaña, parrandero,“bebedor de Ron” y ejemplo (con sus seis vástagos conocidos a cuestas) del perfecto macho venezolano, Mariano se muestra feliz y rozagante con su “compañera espiritual”, como a él le gusta llamarla, Maximina Marsella, encontrada en esos vaivenes como vendedor de casas comerciales.
Allí en su rancho y sin descendencias propias pero rodeados de nietos, perros, canciones, flores y demás querencias compartidas se juraron superar juntos (cual cuento de telenovela rosa) todas las vicisitudes del transcurrir de los años. “Hasta un diagnóstico de Cáncer, superado gracias a la providencia, hemos vivido Luis y Yo”. Nos relata Maximina acerca de su salud.
Pero como la realidad nos enseña que no todo es “color de rosa”, Maximina nos relata sus desencuentros con aquel hombre simpático, bonchón que no poco dolores de cabeza le proporcionó.
“Yo no me quejo, Luis ha sido un gran compañero, aunque en sus años mozos sus parrandas eran latosas, la vida que me ha dado no se puede considerar como desgraciada. Sospeché de aventuras pero nunca me faltó el respeto ni me tuvo indiferencia ante otra mujer. Comentarios si abundaron pero yo con estos ojos nada vi”.
Maximina, aplicando lo de “ojos que no ven corazón que no siente”, no teme ser acusada de ser poco “digna” y se muestra sincera y abierta a las interrogantes de quien esto escribe.
-No Chica, las mujeres de antes no les parábamos a los cachos. Mientras siempre durmiera conmigo y no faltará una sola noche a la casa, los comentarios nunca me afectaron. Además, que hombre no se ha echado una canita al aire. -nos comenta Marsella.
Y es así como, entre hechos que delatan la vida de un hombre común y corriente, traté de seguir un esquema riguroso algunas veces y flexible otras que me permitió plasmar, luego con mayor libertad, en una tesis la humanidad de un ser que no es más que la viva imagen de la idiosincrasia del oriental venezolano.
El estado Sucre, sus costumbres, sus aciertos y desaciertos, su historia y hasta su singular paisaje se deja ver a través de los ojos de Luis Mariano Rivera. Porque Luis Mariano es el poeta que tomo de su tierra no sólo su paisaje sino la vida e inquietudes de sus coterráneos y volcó esas vivencias en poesías y canciones. Razón tenía otro poeta oriental, ya fallecido, Argenis Pérez Huggins cuando expresó que Luis Mariano Rivera era “el primer poeta que ha dado el estado sucre, en el sentido de que su poesía es una poesía comprometida con su tierra, con su gente, con el campesino que está labrando de sol a sol y que canta... Comprometido con la situación de degrado del hombre inclinado”. En resumen, es una poesía comprometida con la idiosincrasia de su pueblo.
Un marco teórico que me permitió conocer la historia de la tierra de mis padres, me reveló las luchas y vivencias que han enmarcado la vida del estado más empobrecido del país. También me regaló el conocer acerca de las corrientes musicales del oriente, las cuales son diversas y fieles herederas de nuestra mezcla característica de “nuevo mundo”.
Así mismo, enriquecí mis técnicas periodísticas al entrevistar a no pocos personajes de la vida musical venezolana. Bien lo decía asertivamente la Profesora María de los Angeles Serrano, una Tesis no es sólo una investigación que se realiza para cumplir un requisito indispensable. Es un trayecto que recorremos con cautela donde podemos aprender, inclusive mucho más de lo que nosotros pensamos. Triste es la historia de quienes no lo observan de esa manera, peor aún es el destino de aquellos que deciden hacerle la tesis a sus tutores.
“Nunca se olviden de que la Tesis es una creación que les pertenece a ustedes y no debe ser el reflejo de lo que desean los demás, defiéndala, trabájenla, ódienla o ámenla pero nunca olviden que es de ustedes y de nadie más” – palabras sabias que aún recuerdo de los días de Seminario.
Y así lo intente: la defendí de las críticas y de mis miedos, la trabajé con el rigor que merecía, la odié cuando el cansancio agotaba mi pluma, pero también la amé, sí la amé cuando la vi culminada y más aún cuando me llamaron para participar en esta jornada de investigación.
Quizás he sido poca pedagógica al ser personalista, romántica y hasta el cansancio fiel amante de mi trabajo. Pero ¿cómo no serlo ante la pasión y emoción que contagia una vida llena de carencias y rica en perseverancia? ¿ Cómo no amar cuando es tu instinto muchas veces quien te dicta los pasos a seguir? ¿ Cómo no ser egocéntrica cuando al interesarme en la historia parcial de un rincón de mi país mi quehacer universitario continua en las aulas de un postgrado que versa sobre los anales de la vida latinoamericana? A mi parecer nada es fortuito. Todo guarda una correspondencia.
Así lleve a cabo mi trabajo de grado, con rigor y con pasión. Con las ganas contagiantes del saber que existen hombres que, sin ser de “otro planeta”, llenan de sencillez y sensibilidad cada minuto de sus vidas. Con la certeza de no estar menospreciando o, en su defecto, sobrestimando una humanidad. En fin, con los deseos de encontrar otros Luis Marianos que, como expresaba uno de mis entrevistados, el profesor Iván Gómez, abundan en nuestro país.
Allí está entonces mi granito de arena, mi regocijo y bálsamo para mi espíritu: Luis Mariano el del conuco, Luis Mariano el del chinchorro, Luis Mariano el poeta “bonchón y bebedor de Ron”, Luis Mariano el de los “Negritos de Cerizola”, “La Guácara” y “La Cerecita”, Luis Mariano el teatrero del “Cundiamor”, Luis Mariano el padre, abuelo y amigo. Luis Mariano: El Hombre.
Vale destacar las orientaciones sabias de mi tutor, José Fernández (Cheo), Director de Deporte de nuestra máxima casa de estudios, quién asertivamente expresó que Luis Mariano Rivera trascendió lo regional para convertirse en un valor nacional.
También es de justos resaltar los invalorables y desinteresados aportes a este proyecto de personas como el musicólogo Rafael Salazar, los cantantes venezolanos Rafael Montaño y Gualberto Ibarreto, el señor Enrique Viñoles, director del museo histórico de Carúpano y a la Licenciada Guida Méndez, quién realiza una labor titánica en el Ateneo de esta noble ciudad oriental.
Finalizo entonces mi exposición exhortándolos a conocer a Luis Mariano Rivera (para quienes no tienen aún la fortuna de haberlo hecho). También los invito a buscar en cada rincón de nuestra Venezuela a los Luis Marianos que están, algunas veces, a nuestro lado y pasan ante nuestros ojos desapercibidos.
Señoras y Señores.

POR: VIRGINIA GAMBOA LUGO.

 

Luis Mariano Rivera
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